El pasado día 23, cuando el ascensorista del edificio Frost se disponía a continuar con su repetitiva jornada laboral, se vio inmerso en una tensa situación. Los pasajeros se negaban a subir si también lo hacía una pareja de surlandeses.
Al parecer, otro pasajero había oído decir a uno de ellos: “_ él a caminar eso no ser ninguna gente _ su usted no para allí para ver eso tan pronto como insertemos aquí para ir cualquier persona y gas flojo“, sin saber que estaba diciendo en surlandés y con tono jocoso: “Anda que no hay gente aquí. Tu verás que en cuanto entremos va alguien y suelta unos gases“.
Las recientes noticias sobre posibles atentados en ascensores y el temor reinante hicieron el resto. Los demás pasajeros se negaron a permitir que los surlandeses utilizaran el elevador, por lo que el ascensorista tuvo que solicitarles que usaran la escalera.
Los dos surlandeses tuvieron que subir a pie los 23 pisos que les separaba de la casa que iban a visitar, perteneciente a la prima de uno de ellos. Previamente, el ascensorista les aconsejó: “-Si quieren pueden visitar la embajada y quejarse“, ante lo que obtuvo la siguiente respuesta: “-Habría preferido visitarlo en subida y quejarse menos a mí” (habría preferido visitarla en subida y quejarme menos)



Injusticias…