Vaya de adelanto que este post es más que nada un desahogo. Así que si pasas de leerlo tranquilo. De alguna manera con escribirlo ya cumple su misión. La de desahogarme, se entiende. Aunque si lo lees, tal vez reflexiones junto conmigo y habremos ejecutado completamente un acto de comunicación: con su canal, su emisor, su receptor y todo!

Una vez, en una extraña época en la que me ganaba la vida como “vendedor de peines para calvos”, tuve un jefe argentino del que aprendí muchas cosas (no suficientes) sobre las relaciones humanas. El hablaba de la importancia de escuchar como algo inherente a nuestra propia naturaleza. Las muchas veces que le escuché instruirnos a nosotros, los vendedores de peines que estábamos a su cargo, sobre la importancia de escuchar empezaba siempre con el mismo chiste: “¿Saben por qué Dios nos hizo para trabajar?. Porque nos dio diez dedos y un ‘pito’, y si nos hubiera creado para disfrutar nos hubiera dado diez ‘pitos’ y un solo dedo”. Claro, detrás del chiste que siempre provocaba risas, venía la parte más seria (y que seguro que todos hemos escuchado alguna otra vez): “Y ahora, ¿Saben por qué Dios nos dio 2 orejas y una boca?. Porque es el doble de importante el escuchar que el hablar”. Esa enseñanza se me quedó grabada, aunque reconozco que muchas veces se me olvida ponerla en práctica.

Uno aprende a expresarse, a comunicarse con los demás, a ser respetuoso, a conversar, a traducir en palabras los pensamientos que tenemos. Al menos uno lo intenta. Creedme si os digo que incluso a veces lo consigo. Consigo explicarme, tener una conversación, compartir opiniones, expresar sentimientos, transparentarme a mis semejantes. De veras que incluso, a veces, cuando me dejan explicarme hasta se me puede llegar a entender. Conozco a mucha gente con esa capacidad de “hacerse entender”. Y sin embargo, lo reconozco, de nada me sirven los verbos, ni los sustantivos, ni los adjetivos, ni las frases cuando el interlocutor no escucha. Tampoco le sirve a mi interlocutor si no lo hago yo. Esto parece una simpleza, pero por simple que parezca, ocurre tan a menudo, que tal vez sea bueno recordarlo. De hecho, cuesta bastante menos encontrar ejemplos de gente que no nos escucha, que de lo contrario: Mi jefe no me escucha, mi mujer/marido no me escucha, los clientes no escuchan, los de la imprenta no escuchan, los del departamento tal o cual no escuchan….. ¿Cuantas veces no hemos ESCUCHADO una queja así?

Las personas, algunas personas, nos pasamos gran parte de la vida ampliando vocabulario, mejorando nuestras posibilidades de comunicarnos, y sin embargo, no aprendemos algo tan sencillo como escucharnos los unos a los otros. Pienso que 2 personas que no se escuchan no se conocen, no se entienden ni se desentienden, simplemente se ignoran el uno al otro. Pienso que hasta para estar en desacuerdo con alguien primero hay que escucharlo.

Y digo yo, ¿tan difícil será escuchar?. Hoy tengo uno de esos días en que realmente pienso que sí. Fisiológicamente es fácil, pero hay una dificultad oculta, que lo convierte en un arte difícil de dominar. Esa sensación de no ser escuchado es tan frustrante, que pienso que gran parte de los problemas a los que nos enfrentamos día a día tienen que ver con esa inexplicable “sordera social” que nos asola.

Una vez escuché a un filosofo preguntar retóricamente: “Si alguien grita en una isla desierta, donde nadie puede escucharlo, ¿Acontece el grito o no?”, yo lo traduzco a veces con mis propias palabras: Un discurso puede cambiar el alma de la gente que lo escucha, alentar, sembrar una idea, crear controversia, cambiar el curso de la historia…. y sin embargo, si un discurso se da en una isla desierta, donde nadie puede escucharlo…..

No se si logré explicarme, a veces no es fácil, en cualquier caso, si has llegado hasta aquí GRACIAS POR ESCUCHARME. Prometo “escuchar” tus comentarios.


5 comentarios a “El difícil arte de escuchar…”  

  1. Gravatar Icon 1 develooping

    A ver… ¿qué decías?

  2. Gravatar Icon 2 Oscar Reales

    Jejejejeje, esperaba tu sarcasmo develooping, pero a pesar de todo, gracias por escuchar.

  3. Gravatar Icon 3 Matías Zibell

    Es cierto, en esta época no es común escuchar al otro, uno suele estar más preocupado por ver cuando puede interrumpir y decir lo que uno quiere. Sumo a tu inquietud una mía: hace cuánto que uno no dice o escucha palabras o discursos que valgan la pena. Como decía Margarite Yourcener, “las palabras le sirven a tanta gente que ya no le convienen a nadie”. Hace cuánto venimos escuchando, o leyendo, o repitiendo palabras sin sentido, palabras escritas por asesores de imagen, palabras huecas, palabras grandilocuentes que mientras más fuerte se pronuncian más vacías de contenido están. Perdón, parece que yo también me desahogué.

  4. Gravatar Icon 4 Oscar Reales

    Me apunto la frase de Margarite Yourcener. Me parece genial. Y coincido contigo en lo del “discurso”. Aquí en el país más cercano a Surlandia, en esta España que unos vemos unitaria, y otros ven romperse, hay un “vacío de discurso” algo preocupante en los últimos tiempos. En realidad hay 2 discursos casi en exclusiva, que se repiten continuamente. No estaría mal que apareciera un nuevo “discurso” con otro enfoque, y por qué no, más comprometido y sentido, más desde la verdad, y con menos filtros, aunque esté lleno de “errores estratégicos”. Pero amigo Matías, eso de hablar desde el interior de uno mismo, sintiendo lo que se dice y sin filtros, es hoy por hoy una utopía. Un asesor llega y te lo filtra todo hasta dejar el mensaje tan “correcto”, tan por agradar a todo el mundo, que al final no desagrada a nadie, pero tampoco agrada ni se agradece.

  5. Gravatar Icon 5 miren

    no comparto mucholo k abeis dixo los dos ultimos y alos primeros…., a los 2 ultimos os diria que escuchar nos hace comprender y comprender…es todo lo que puedes tener para hacer lo k kieras, la gente esta tan resignada k no kiere escuchar.

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