La obsolescencia está al acecho de tu ordenador. Sólo la palabreja ya intimida. Los que hacen palabras lo saben e hicieron ésta a conciencia con ganas de acojonar. Después se tomaron vacaciones y no produjeron más palabras durante un año.
Fue el año que vivimos a base de palabras importadas del inglés. La lengua anglosajona no se toma vacaciones, especialmente porque ha montado fábricas y sucursales por todo el mundo, y en algunos países se produce muy barato.
Pero, volvamos a lo que estábamos, a ver si con dedicación consigo quitarme la mala costumbre de divagar. Ya sé que sabéis que algo está obsolescente cuando va cayendo en desuso, pero lo explico no vaya a ser que algún despistado presuma de haberse comprado un ordenador de esos que tiene de todo, incluso obsolescencia.
Por una extraña razón, quizás porque los inventores de palabras las sacaron el mismo día, siempre hemos asociado el desarrollo con el derroche. Suponemos que hemos alcanzado un mayor grado de desarrollo cuando nos podemos permitir derrochar en lo superfluo. El mundo desarrollado es aquél que derrocha recursos de los que muchas veces carece. Por contraste, el subdesarrollado es aquél que ni siquiera puede usar los recursos de los que dispone.
Con esa idea de desarrollo, ¿qué podemos esperar de un desarrollador?. Está clarísimo, malgastará todos los recursos de cualquier máquina que se le ponga a tiro, la mayor parte de las veces en cuestiones innecesarias. Ya te puedes comprar una máquina que sea la repera limonera que luego vendrán los desarrolladores, le sacarán todo el jugo y te la dejarán seca.
Claro que la culpa no es sólo de los desarrolladores. Los usuarios ayudan mucho con esa extraña manía de instalar todo lo que cae en sus manos, lo vayan o no a usar, como si padecieran una extraña fiebre del coleccionismo.
-¿Un programa para encontrar rimas en chino? Trae que lo instalo, no vaya a ser que alguna vez me haga falta.
Peor todavía que el coleccionismo de programas es esa costumbre de instalar lo último de lo último. Como si no fuera bastante malo que los desarrolladores saquen al mercado productos inacabados con idea de ir rematando los detalles sobre la marcha, los usuarios les alientan instalando cualquier cosa que tenga un número más grande.
- ¿A ver la tuya? ¡Ah bueno!, la mía es más grande.
- Sí, pero se te cuelga más a menudo.
¿Qué podemos hacer ante este panorama? Cada nueva versión de software tiene requisitos mayores, y si al principio tu máquina manejaba el programa con cierta soltura, llega un momento en que éste se rebela y, como mucho, le perdona la vida.
-Está bien, te dejo que me instales, pero no esperes demasiado de mí.
La vía tradicional para evitar estas situaciones consiste en ampliar tu máquina para que aguante algún asalto más, y si esto no es posible, jubilarla y cambiarla por otra más moderna, que tendrá un final similar al de su antecesora y previsiblemente en menos tiempo.
Por todo lo anterior, queremos mostrarte un método sencillo, rápido y asequible de hacer que tu ordenador alcance una potencia inimaginable y que jamás se quede obsoleto. Para empezar he aquí la lista de materiales necesarios para la ampliación:
- Una limpiadora manazas (yo he probado con el producto nacional marca “La Antonia” y me ha dado muy buen resultado. Otras opciones también podrían funcionar, aunque no las he probado). Si no se dispone de limpiadora puede reemplazarse su uso por un martillo.
Como ves, la lista es breve y sencilla de conseguir. En caso de usar la limpiadora no hay que hacer nada, sólo esperar. Si tienes prisa, puedes optar por el método del martillo. He aquí como:
1- Desenchufa el ordenador y aporréalo por todas partes. Comienza por la pantalla, luego repasa las teclas una por una, dale con la parte fina a todos los conectores y reserva fuerzas para endiñarle la andanada final a la caja de la CPU (con unos diez golpes bien dados suele bastar). Haz lo mismo con todos los periféricos que tengas.
2- Dale ahora a todo lo que encuentres dentro: tarjetas, chips, ram… Si no has conseguido acceder al interior del aparato repite el paso 1.
3- Déjalo caer de la mesa.
4- Enchufa el ordenador y prueba a encenderlo. Si funciona igual que antes, vuelve otra vez al paso 2. Si echa chispitas y hace ruidos raros vuelve al 3.
5- Si no hace ruiditos ni nada de nada es porque estás viendo la pantalla de inicio de tu nuevo sistema operativo: Infinito punto cero. Adiós a la obsolescencia, bienvenido a la máxima potencia. A partir de ahora, el único límite de tu ordenador lo pone tu imaginación.



a la peña se le va la cabeza