Posiblemente es común y vulgar, pero soy de los que casi siempre está con los ‘david’, cuando se enfrentan a ‘goliat’. En el caso de la SGAE lo hago con mayor placer y convicción de la habitual.
Hace años sufrí el acoso casi mafioso de un representante de esta supuestamente respetable organización que quería su impuesto revolucionario. Teníamos un bar de 60 m2 (para gente mayor) donde se ponía música ambiental de fondo apenas audible. Daba igual que lo que se escuchara fuera una ‘radio fórmula’, de esas prohibidas en muchos países incluido Estados unidos, en las que las discográficas pagan para que se ponga una y otra vez los mismos temas para bombardear el subconsciente de quien las oiga. También era indiferente que la emisora sintonizada estuviera a reventar de publicidad. La SGAE quería mes a mes su impuesto y además con carácter retroactivo. Eso o la amenaza inmediata del juzgado en el que te aseguraban que ’siempre ganaban’, algo que por desgracia, es completamente cierto.
Algo parecido debió suceder a Ricardo Alameda hace un par de años en la Sala Beat de Tomelloso (Ciudad Real). Especializado en música de hace décadas y mayoritariamente en formato vinilo, Ricardo tuvo la valentía de iniciar una batalla legal de éstas que a todos nos gustaría acometer alguna vez a lo largo de nuestra vida. Con una justicia que a veces es más del siglo dieciocho que del veintiuno, os aseguro por experiencia propia, que esta ‘aventura’ suele resultar sumamente frustrante y generalmente muy costosa. La justicia tal y como se aplica, en general ni es justa, ni es gratuita, ni es para todos.
Afortunadamente en este caso y sólo por ahora, Ricardo va ganando. La SGAE ya ha apelado y lo hará hasta que Ricardo se agote, se quede sin dinero o se acaben las instancias judiciales. Confiemos en que siga luchando hasta el final, es justo y creo que todos saldremos beneficiados de forma indirecta.
Podeís leer la historia completa en El País.
Comentado en bandaancha.st
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Pues sí, después de haber leído la noticia completa del país, tengo que decir que está muy justificada su defensa. El dueño del bar alega, con razón a mi modo de ver, que la música que pincha en su bar está fuera de los circuitos comerciales tradicionales, y no forma parte del catálogo de autores y obras gestionados por las SGAE. Dado que los autores que pincha en el bar no reciben ni un duro de la SGAE, Ricardo y su abogado alegan que no tienen porque pagar a las SGAE por esas obras.
Lógico de todas todas. La única justificación (y eso es discutible) por la que la SGAE cobra unos derechos, es que lo hace en nombre de unos autores a los que representa. Pero claro, si yo difundo música de autores no gestionados ni representados por la SGAE, entonces ¿en base a qué les pueden cobrar por esos derechos?. Interesante, porque abre además otras vías de reclamación para bares que están en igual o similar situación, pinchando música alternativa, incluso música bajo licencia “creative commons”.
A mí me resulta increíble que prácticas de “extorsión” y “mafiosas”, propias de la época de ley seca en EEUU, puedan existir con amparo legal en nuestro tiempo. Yo con Ricardo, y en contra total de la SGAE.
Otro caso de las SGAE en banda ancha.
http://www.bandaancha.st/weblogart.php?artid=4734
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