
No, no lo digo en sentido figurado.
Nos cuentan que las elecciones son el medio por el que que los poderes políticos del estado se constituyen en una representación de la soberanía popular expresada en las urnas, pero seguro que a más de uno podría surgirle la duda de si un sistema de listas cerradas y bloqueadas no podría dificultar bastante la obtención de un reflejo fiel de esa soberanía.
Pero seamos benevolentes. Supongamos que de verdad se puede hacer el retrato de la sociedad con tan limitados materiales, y que el sistema electoral es tan gran artista que esa carencia no es impedimento suficiente para que obtenga una imagen razonablemente certera de la voluntad del pueblo.
Incluso aunque así fuera, la representación obtenida es intencionadamente deformada aplicándole prácticamente los mismos principios con los que se hace una caricatura.
El autor de la caricatura suele exagerar los detalles más representativos y anular aquellos que lo son menos. La aplicación de la ley D’Hondt consigue exactamente el mismo efecto: deforma las proporciones del dibujo original, resta poder a los partidos menores, llegando incluso a eliminar sus rasgos en beneficio de los mayoritarios. No es ya sólo que el material con el que se obtiene la imagen es defectuoso, sino que además parece obligatorio tener que hacer el retrato pintando un 6 y un 4 (o un PSOE y un PP). El seis y el cuatro nunca han dicho nada al respecto ya que salen en todas las fotos.
Se suele esgrimir que esta intencionada deformación busca la formación de gobiernos estables, y puede que así sea en un modelo basado en la confrontación, en el que nadie da ni agua al enemigo. Quizás una mayor cultura del diálogo y de la colaboración podría hacer viable una ley electoral más proporcional y representativa. Por lo pronto, podríamos empezar por pedir un nuevo retratista.



Sin comentarios a “Nuestro sistema electoral es una caricatura”
Por favor espera
Deja una respuesta