Hoy comenzaremos una serie de artículos breves cuyo cometido es acercar a los foráneos la belleza de nuestra lengua. Si bien nuestro propósito no es entrar a explicar las complejas evoluciones históricas que han dado lugar a los vocablos que ahora constituyen nuestro lenguaje, confiamos en que estas pequeñas explicaciones sirvan como introducción a las sutilezas de la etimología surlandesa y estimulen la curiosidad de nuestros lectores. Como pronto aprenderéis, en surlandés las palabras encierran mucho más significados de los que pueden apreciarse en una primera impresión

  • Añicos: (diminutivo de años).
    Pedazos en los que se se descompone uno con el avance de la edad.
  • Ayuntamiento: ay (lamento) unta (del verbo untar) miento (del verbo mentir).
    Corporación que administra un municipio de forma turbia y en su propio beneficio.
  • Beato: be (sonido que hace el rebaño) ato (del verbo atar).
    Religioso que busca fieles que se sometan dócilmente.
  • Buscar: bus (autobús) car (automóvil).
    Intentar encontrar, por lo general sin éxito, cualquier medio de transporte.
  • Cantábrico: canta (del verbo cantar) brico (abreviatura de bricolaje).
    Hombre del norte que tararea mientras hace arreglos caseros.
  • Comprobar: compro (del verbo comprar) bar (establecimiento de bebidas).
    Asegurarse de que el local que adquieres está en las condiciones que te asegura el dueño.
  • Comprometedor: compro (del verbo comprar) metedor (que mete).
    Dícese de lo arriesgado que es para la reputación, el hecho de pagar por determinados servicios sexuales.

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